Gacetilla de prensa: AGREGADO DE VALOR LOCAL Y DESARROLLO TERRITORIAL

Autor: MAIZAR / Fecha: 02/06/26

Una ciudad, una provincia y un país: reconfiguraciones de modelos productivos arcaicos hacia la bioeconomía

El posicionamiento de la Argentina ya no como ‘granero del mundo’ sino como una potencia agroalimentaria con diferenciación geográfica; la necesidad de políticas sociodemográficas que acompañen el inmenso reordenamiento territorial que está viviendo el país; la expansión y transformación del maíz en Córdoba y el desarrollo planificado de una ciudad con fuerte entramado bioeconómico como Venado Tuerto fueron los temas de un panel que reunió al consultor y exdiputado nacional Fabio Quetglas; el intendente de Venado Tuerto y presidente del Comité Nacional de la UCR, Leonel Chiarella; el exdirector General del IICA Manuel Otero, y el economista jefe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, Gonzalo Agusto , moderado por el consultor en bioeconomía Fernando Vilella .

En un país acostumbrado a la polarización, la relación ciudad-campo, vista como oposición, puede afectar la integración de la Argentina al mundo. Una nueva narrativa obliga a pensar no en contradicciones, sino en complementariedades, en un modelo de desarrollo que implica una inserción internacional. Así, el experto en bioeconomía Fernando Vilella dio el puntapié inicial al panel sobre agregado de valor y desarrollo territorial que se realizó ayer en el Congreso Maizar 2026.

El exdirector general del IICA Manuel Oterodijo que regresó al país hace tres meses, después de estar casi 40 años en el exterior, y está contento con la Argentina. Recordó que el país está “más cerca del Polo Sur que de los mercados reales, estratégicos”, y lo enfatizó con un ejemplo: “La distancia entre Buenos Aires y la base Marambio es de 3.600 kilómetros, mientras que con Beijing es de 20.000 kilómetros”.

Por otra parte, se refirió a la necesidad de cambiar la visión primarizada asignada al país. “Nos han puesto ciertos apodos: ‘Argentina, exportador de commodities, granero del mundo’. Tenemos que plantear cómo queremos ser vistos”, propuso.

Asimismo, señaló que la agricultura está al tope de la agenda global, con las transformaciones que están sucediendo y sus múltiples interrelaciones con la seguridad alimentaria y las cuestiones ambientales, energéticas y nutricionales. “Esto se sintetiza en la bioeconomía. A veces no nos asocian con esos cambios. En una nueva narrativa, nos tenemos que vender y proyectar en los foros internacionales como la plataforma de la bioeconomía, y la Argentina como un actor geopolítico fundamental, que quiere ser reconocido como tal”, añadió.

Para ello, hay que posicionar a la Argentina como “el lugar donde el conocimiento agronómico más avanzado del mundo se está probando a escala real. Esa agricultura a escala tiene una relación simbiótica con los temas de sostenibilidad, y tenemos demostrarlo con certificaciones y trazabilidad”.

La nueva narrativa debe plantear que “la Argentina es una potencia agroalimentaria con diferenciación territorial; con todos los climas, tiene una heterogeneidad productiva con identidad geográfica. Tenemos que ir a los foros internacionales y ejercer esa diplomacia técnica, vendernos con mucha más fuerza. Es un tema político-institucional, que supera los temas comunicacionales”, concluyó Otero.

El ex diputado nacional Fabio Quetglas coincidió en que se mantienen vigentes categorías “del siglo 20”, como la oposición campo-ciudad, y reflexionó sobre cómo debe comprenderse el territorio. “Solemos ver al territorio como un stock, como algo que no cambia, como el dato en el mapa, pero es una idea fallida. El territorio es algo que cambia ferozmente”, por migraciones, o la dominancia de una moneda.

En ese sentido, comentó que, en 1810, casi dos tercios de los habitantes de lo que sería la Argentina vivían al norte de la ciudad de Córdoba. “No somos conscientes de la transformación territorial que vivió el país cuando ingresó a los mercados globales, constituyó su infraestructura ferroviaria, garantizó la propiedad de la tierra, promovió la inmigración y armó un modelo de desarrollo basado en la integración global de sus cadenas de valor más competitivas”, dijo. “Ahora se está produciendo una resignificación de nuestro mapa de idéntico volumen e intensidad”.

En tal sentido, afirmó que “la Argentina atlántica, que es la que conocimos, está pegando la vuelta. Hay una Argentina andina que está funcionando a una velocidad distinta, entre otras cosas, por los RIGI”. Sin embargo, advirtió: “Las buenas noticias están en los diarios, pero vengo con un signo de prevención: el éxito económico que construimos en un ciclo largo de la Argentina atlántica terminó en conurbaciones de difícil gobernabilidad. ¿Vamos a replicar eso en la Argentina andina?”.

Para Quetglas, hay muchas Argentinas muy competitivas, una de las cuales es la de la Vaca Viva, la de la bioeconomía. “Si somos un país -es decir, no solo un mercado-, debemos tener políticas sociodemográficas. La Argentina enfrenta una tensión sociodemográfica global en un momento de cambio de agenda propia. Creo que tenemos una enorme oportunidad de gestión de nuestro territorio, entre otras cosas porque confío en el talento y la experiencia de los argentinos”, completó.

Córdoba y el procesamiento de maíz

El economista jefe de la Bolsa de Cereales de Córdoba, Gonzalo Agusto , contó que Córdoba produce 20 millones de toneladas de maíz, y transforma 4,5 millones, un 23 o 24%. “Hace 18 años, teníamos cuatro hectáreas de soja por cada hectárea de maíz; estas últimas campañas, prácticamente tenemos una a una. Y eso se dio básicamente por un cambio en el contexto económico, un tipo de cambio más libre, la eliminación de cupos a la exportación y la disminución de los derechos a la exportación del maíz en relación con la soja. Eso hizo que en Córdoba se siembren unos 3 millones de hectáreas de maíz, con una inversión de 1.800 millones de dólares al año por parte de los productores. En 2025, el producto más exportado de Córdoba fue el maíz, que aportó unos 3.500 millones de dólares a las arcas nacionales”, indicó.

Para que eso suceda, dijo Agusto, Córdoba aprovechó ventajas comparativas, como suelos de calidad y un régimen de precipitaciones bueno para el maíz, y construyó ventajas competitivas, desde la parte semillera, los productores, los acopios, los servicios, los insumos, las cooperativas y hasta las instituciones públicas, señaló.

No obstante, opinó que “queda un largo camino por recorrer; si bien la producción de maíz por sí misma tiene un montón de valor agregado, podemos seguir avanzando en su transformación, en todas las actividades que ya existen en Córdoba”. Recordó que el etanol en poco tiempo se convirtió en la principal actividad demandante de maíz, y ya procesa 1,5 millones de toneladas, pero la provincia también puede incrementar la actividad aviar, la porcina -que ya creció mucho los últimos años-, la vacuna, tanto para carne como para tambo, la parte aviar, “tenemos un desafío inmenso”.

Para Agusto, es preciso “construir las condiciones que otros países, como Brasil o Estados Unidos, tardaron décadas en generar. El principal desafío como cadena maicera es escalar lo que sabemos hacer bien y, para eso, necesitamos condiciones claras, la certidumbre. Brasil hace décadas que tiene un programa de bioalcohol, por ejemplo, y acá estamos todavía discutiendo de nuevo el marco normativo”, concluyó.

Consultado sobre la articulación del municipio con las empresas, la educación, el arraigo y el agregado de valor, Leonel Chiarella, intendente de una ciudad con un fuerte entramado bioeconómico como Venado Tuerto, y que fue reelecto con el 83% de los votos, señaló que “el desarrollo territorial no se hace desde el escritorio, sino con método, con evidencia y con participación”.

Describió como uno de los pilares la “planificación estratégica y participativa”, que el municipio encaró a través de un plan para promover el diálogo entre los diversos sectores de la comunidad, y se transformó en 56 proyectos relacionados con infraestructura y el fortalecimiento de la matriz productiva, así como con la economía del conocimiento y la bioeconomía. “En dos años y medio, ya tenemos el 70% de los proyectos ejecutados o en ejecución. Lo hicimos siendo parte de ese ecosistema con un equipo ejecutivo y un equipo consultivo con distintos sectores. Generamos talleres y participaron más de 3.000 vecinos, incluidos jóvenes y niños, lo que nos dio una hoja de ruta y nos permitió pensar en políticas que trascienden un plan de gobierno, porque está pensado a diez años”, describió. Para el funcionario, eso permitirá que el desarrollo de la ciudad sea ordenado, porque “genera reglas claras. Se sabe por dónde pasará la Circunvalación, se sabe que el objetivo de la ciudad es tener un 25% de energías renovables, etc. Eso da mejores condiciones para invertir”, remarcó.

Un segundo pilar para llevar adelante la transformación fue el de la formación, dijo Chiarella, a la cual se abocaron a través del vínculo con el sector privado. “Vimos la formación en dos escalas. Una es la formal, a través de carreras universitarias, porque, por ejemplo, se dice que Venado Tuerto tiene la mayor densidad de ingenieros agrónomos, pero la carrera estaba ahí hasta este año”, contó. Y capacitaciones en el municipio en función de la demanda laboral del sector productivo, particularmente la industria semillera, que hicieron que 1.280 personas lograran insertarse en el mercado laboral de la ciudad. “Queda claro que el agregado de valor no es inercia, hay que trabajar”, acotó Vilella.

“Nadie tiene la bola de cristal, pero uno tendería pensar que, a mayores niveles de integración económica, se precisarán más niveles de institucionalidad, porque la integración puede generar fragilidad. En ese mundo, que podemos llamar ‘postglobal’, Argentina tiene que pensarse y ver qué puede y qué no puede aportar”, apuntó en tanto Quetglas.

Fotos: https://drive.google.com/drive/folders/1mPZ0x_3UlkaxvH2N0RYsqbFRoKUf-PYz?usp=drive_link