EL CULTIVO DE MAÍZ Y SU RESPUESTA AL AMBIENTE: MEJORANDO EL RINDE, MANEJANDO EL RIESGO

Autor: Por Alfredo Cirilo (Ing. Agr., M.Sc., Dr.), INTA Pergamino / Fecha: 25/01/13

El cultivo de maíz se desarrolla en una amplia gama de ambientes. Esto lo expone a condiciones muy variables de temperatura y oferta de recursos. En nuestro país, donde la mayor parte de la producción tiene lugar en secano, las restricciones al rendimiento están asociadas a deficiencias hídrico-nutricionales y a la ocurrencia de temperaturas extremas. Se espera que estos efectos negativos del ambiente se acentúen en el futuro cercano.
En los últimos años, adicionalmente, una parte importante del maíz generado por el principal productor mundial está siendo derivada a la obtención de combustible. Esto ha aumentado la presión sobre los sistemas agrícolas para garantizar el abastecimiento de las múltiples demandas de maíz. Dos alternativas, no excluyentes, permitirían lograrlo: destinar más superficie a su cultivo y aumentar los rendimientos. La primera requiere aumentar la proporción de superficie apta destinada a la especie, o incorporar regiones consideradas marginales para la misma o aumentar la proporción de superficie apta destinada a más de un cultivo anual. En la Argentina, la primera opción depende fuertemente de relaciones relativas de precios y razones financieras;  las otras dos opciones conllevan una reducción del rendimiento potencial esperable y el aumento del riesgo de ocurrencia de condiciones adversas para el crecimiento. En consecuencia, el aumento de la producción deberá indefectiblemente reducir la brecha entre los rendimientos posibles y los logrados, principalmente a través de un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles, especialmente cuando estos se encuentran en condiciones deficitarias.
En situaciones normales de producción, todos los cultivos extensivos a campo se pueden ver expuestos en algún momento de su ciclo a condiciones de estrés que afectan adversamente su crecimiento o desarrollo, pudiendo estas circunstancias traducirse o no en mermas de productividad según la intensidad del estrés y la etapa del ciclo en la cual ocurre. Además, los cultivos experimentan durante su ciclo diversos estreses que pueden actuar de modo secuencial o simultáneo. Estos estreses provocan, en general, primero una reducción de la superficie fotosintetizante, limitando el rendimiento en la medida que afectan la capacidad de capturar la luz. Estreses de mayor intensidad también pueden afectar la eficiencia de utilización de la luz capturada para producir biomasa por la vía fotosíntética y su partición hacia estructuras de cosecha. Estos efectos serán tanto más negativos para la productividad cuanto mayor sea su incidencia (duración e intensidad) en la etapa crítica para la determinación del rendimiento. En el caso del cultivo de maíz, esta etapa se ubica en los 30 días centrados en la floración, cuando afecta al principal determinante del rendimiento: el número de granos
El conocimiento sobre las respuestas eco-fisiológicas del cultivo de maíz ante las variaciones en la oferta de recursos ambientales y la ocurrencia de estreses resulta de gran utilidad para adecuar su manejo agronómico a los diferentes escenarios productivos y atenuar los efectos negativos de esos estreses, reduciendo la brecha entre lo posible y lo logrado. Así, dicho conocimiento permitirá orientar la toma de decisión acerca de cuál es la fecha de siembra más conveniente según regiones para eludir la incidencia de estreses previsibles. Del mismo modo, ayudará en la elección de la densidad de siembra más adecuada para cada situación productiva, ajustándola en relación directa con la mayor o menor disponibilidad de recursos ambientales, particularmente durante la etapa crítica mencionada. La conveniencia en cada situación de modificar o no el planteo del cultivo, alterando la distancia entre los surcos de siembra, también encuentra fundamentos en el conocimiento de los procesos y mecanismos eco-fisiológicos del maíz. La selección del híbrido más conveniente para sembrar en cada caso, la oportunidad y magnitud del agregado de fertilizantes, la conducción del riego cuando se dispone y muchas otras decisiones de manejo agronómico del cultivo de maíz serán seguramente más acertadas cuando se sustentan en ese conocimiento.
El aumento de la producción deberá provenir en mayor medida de incrementos en el rendimiento por unidad de superficie y de tiempo en las áreas actualmente en explotación, lo que genera riesgos de deterioro de recursos y de contaminación ambiental. Por lo tanto, se requerirá de tecnologías apropiadas para aumentar la producción y evitar la degradación de los recursos naturales disponibles. La tendencia de los sistemas productivos hacia la degradación o hacia la sustentabilidad dependerá de las decisiones de los protagonistas de la producción. El conocimiento de la eco-fisiología del cultivo tiene un importante rol a desempeñar en este aspecto.