| |
FAO: Comité de Agricultura. La Bioenergía
En este documento presentado por la FAO el pasado 16 de Abril en Roma,
durante el 19° período de sesiones de su Comité de Agricultura, se estudian
las ventajas y las oportunidades ofrecidas por un incremento en el uso de
bioenergía que pueden contribuir a, entre otras cosas, diversificar las
actividades agrícolas y forestales, aumentar la seguridad alimentaria y reducir
la pobreza. A continuación se exhibe una síntesis:
Para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por las
Naciones Unidas, erradicar la pobreza extrema y el hambre y garantizar la
sostenibilidad del medio ambiente, no se puede prescindir de servicios de
energía limpia y segura. No obstante, cerca de dos mil millones de personas,
que en su mayoría viven en las zonas rurales de los países en desarrollo, aún
carecen de electricidad o de otros servicios de energía modernos y dependen en
gran medida de la leña y el carbón vegetal para atender necesidades básicas
como cocinar o calentarse. A nivel internacional, los derivados del petróleo
constituyen la otra fuente principal de energía y, si bien han permitido
desarrollar la industria, han sido también causa de muchos de los problemas
ambientales de nuestra sociedad moderna.
Además de ofrecer una importante fuente de energía alternativa para el
mundo, la producción y utilización de biocombustibles guardan relación con un
sinfín de cuestiones, como la ordenación de cultivos y los sistemas
agrícolas, la seguridad alimentaria, el aprovechamiento de la tierra y el
desarrollo rural, la ordenación forestal sostenible, la conservación de la
biodiversidad y la mitigación del cambio climático. Si se administra de modo
adecuado, el uso más sostenido de biocombustibles puede contribuir al mismo
tiempo a la prestación de servicios de energía más limpia, al desarrollo
sostenible y a la reducción de los problemas ambientales.
A los fines de la presente exposición, se entiende por "bioenergía"
la conversión de biomasa en energía, como por ejemplo la dendroenergía
derivada de los árboles y la agroenergía derivada de cultivos agrícolas no
madereros.
El petróleo es la fuente predominante de energía primaria, pues representa
más del 35 por ciento del consumo comercial total de energía primaria en el
mundo. El carbón se sitúa en el segundo lugar (~23 por ciento del consumo
mundial de energía primaria) y el gas natural en el tercer lugar (~21 por
ciento). Estas emisiones de combustibles fósiles son la causa principal de los
gases de efecto invernadero que provocan el recalentamiento del planeta y, por
ende, el cambio climático. La leña y el carbón vegetal, sumados a otros
biocombustibles, corresponden a cerca del 10 por ciento del consumo mundial
total de energía primaria. La energía nuclear representa el 7,6 por ciento de
ese consumo, y la hidroenergía y otras fuentes energéticas renovables
(geotérmica, solar y eólica) el 2,7 por ciento y el 0,7 por ciento,
respectivamente.
Tal como ha sido publicado en anteriores ediciones de nuestra publicación
"Novedades de MAIZAR", en este siglo se presenciará un cambio
importante en la economía, que podría dejar de basarse en los combustibles
fósiles para pasar a la bioenergía, en cuyo ámbito la agricultura y la
silvicultura serían las fuentes principales de biomasa para producir
biocombustibles como la leña, el carbón vegetal, los gránulos, el bioetanol,
el biodiesel y la bioelectricidad.
Los biocombustibles líquidos han adquirido importancia en los últimos
decenios en el Brasil y más recientemente en Europa, los Estados Unidos, el
Japón y otros países pertenecientes a la Organización de Cooperación y
Desarrollo Económicos (OCDE), especialmente en el sector de los transportes. Al
mismo tiempo, la función de la agricultura como fuente de recursos energéticos
es cada vez más importante. Las hipótesis desarrolladas en relación con los
Estados Unidos y la Unión Europea indican que la sustitución de hasta un 13
por ciento de combustibles derivados del petróleo con biocombustibles líquidos
(bioetanol y biodiesel) es un objetivo plausible a corto plazo, teniendo en
cuenta la tierra agrícola disponible. De hecho, diversas agroindustrias, como
las plantas azucareras, ya utilizan el bagazo como fuente de calefacción y
electricidad industriales, lo que les permite ser autosuficientes. Algunas de
ellas también producen alcohol etílico y suministran electricidad a la red de
energía eléctrica.
Los gobiernos y el sector privado de los países desarrollados y de numerosos
países en desarrollo muestran interés creciente por incrementar el uso de
biocombustibles derivados de la biomasa agrícola y forestal.
La biomasa es una fuente de energía fácil de obtener localmente y capaz de
generar electricidad, calor y potencia a partir de combustibles líquidos,
gaseosos o sólidos, que pueden contribuir a sustituir los combustibles fósiles
importados, hecho que redundaría en una mayor seguridad energética nacional y
una diversificación más amplia de las fuentes de energía.
Si bien los residuos agrícolas adquieren valor económico cuando se recurre
a un mayor volumen de biomasa para producir energía, es necesario dejar una
cantidad de residuos en el suelo suficiente para asegurar la protección de
éste y la sostenibilidad de los usos de la tierra. Esta cantidad dependerá de
las condiciones climáticas y de las rotaciones de los cultivos específicos. Es
igualmente importante evitar posibles consecuencias nocivas para el medio
ambiente a causa de un mayor uso de biomasa, como son la extracción excesiva de
leña o el establecimiento de monocultivos en gran escala.
El aumento del uso de biomasa para producir energía podría beneficiar al
desarrollo económico y la reducción de la pobreza, sobre todo en las zonas
rurales, debido al interés que suscitaría en las empresas pequeñas y medianas
por invertir en las nuevas oportunidades comerciales relacionadas con la
producción, la preparación, el transporte, el comercio y el uso de
biocombustibles, y porque generaría ingresos (y empleo) para quienes viven en
las zonas interesadas o en sus cercanías. En efecto, la producción de
bioelectricidad tiene más posibilidades de generar empleo que cualquier otra
fuente renovable de energía, pues puede multiplicar la creación de empleos
directos con respecto a los que ofrece la producción de electricidad mediante
fuentes tradicionales, pero con menores costos de inversión por cada nuevo
empleo.
En general es sumamente difícil disminuir la diferencia de precios entre los
combustibles fósiles y los biocombustibles. Ahora bien, si los beneficios
colaterales de la bioenergía mencionados anteriormente se internalizan
debidamente, pueden compensar la diferencia de precios que los separa de los
combustibles fósiles. Así, por ejemplo, el Mecanismo de Desarrollo Limpio
(MDL) previsto por el Protocolo de Kyoto podría ofrecer incentivos adicionales
para establecer plantaciones energéticas, así como oportunidades de
transferencia de tecnologías.
La innovación en las tecnologías bioenergéticas reviste particular
interés para los países en desarrollo, ya que les daría la posibilidad de
superar algunos de los problemas de dependencia de los combustibles fósiles
experimentados por casi todos los países industrializados. Los rápidos avances
en las opciones tecnológicas podrían representar para esos países una
ocasión para utilizar y comercializar nuevas tecnologías con relativa rapidez,
a condición de que cuenten con políticas adecuadas, fuertes incentivos
comerciales y un mercado firme para las mismas.
Los sistemas bioenergéticos son relativamente complejos, son de carácter
interdisciplinario e intersectorial y dependen de las características de cada
lugar. Por consiguiente, no es sencillo solucionar los problemas conexos; para
ello, hace falta integrar la producción de biocombustibles en las actividades
agrícolas y forestales tradicionales, además de una contribución sinérgica
de diversas instituciones que se ocupan de los sectores agrícola, forestal,
energético, industrial y ambiental.
El espíritu de las consideraciones presentadas por el Comité de Agricultura
de la FAO está presente en el proyecto de Ley de Biocombustibles que se está
discutiendo es estos días en el Congreso Nacional, y que fuera aprobado el año
pasado por la Cámara de Senadores, con su consiguiente contribución al
desarrollo agroindustrial en las distintas regiones de la Argentina, que, a
nuestro entender, sería sumamente beneficioso para un mejor futuro de nuestro
país.
|